Rector Universidad Mayor analiza fortalezas de educación superior en Chile

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La destacada revista estadounidense University World News, que analiza el estado de la educación superior en el mundo, publicó recientemente un artículo del Rector Rubén Covarrubias en el que detalla los avances y fortalezas en esta área en Chile. A continuación, la versión en español de la publicación. Si desea acceder a ella en inglés, haga clic aquí

Las fortalezas de la educación superior en Chile

“He leído con profunda atención el artículo de la profesora Cristina González –publicado por vuestro prestigioso medio-  acerca de la Educación Superior Chilena. El artículo realiza una interpretación de la realidad chilena en esta materia, basándose en las observaciones de la profesora González durante su estadía en Chile y en el marco de una serie de conferencias que ella vino a impartir.

El artículo es muy interesante, pero es necesario y oportuno realizar algunas precisiones. Efectivamente, en la década de los 80 Chile sufrió una profunda transformación de su educación y en todos los niveles. A la época, Chile era un país con muchas demandas sociales, un bajo ingreso per cápita, el 45% de la población en extrema pobreza, con una economía empobrecida, cerrada al exterior y con un sector productivo dando sus primeros pasos en el aumento de su productividad.

En Educación, la situación era similar. El Estado de Chile destinaba solo el 30% de su presupuesto del área a la educación escolar, la que atendía a más de dos millones y medio de niños. El 70% restante se destinaba a los 100 mil alumnos universitarios que provenían de las familias más ricas del país. En la práctica, esto significaba que los estudios universitarios de esos jóvenes eran financiados por la sociedad a través del impuesto de todos los chilenos. Dicha realidad era claramente regresiva socialmente.

Asimismo, en Chile existían solo ocho universidades, de las cuales dos eran del Estado y seis privadas, pero financiadas en el 100% por el Estado chileno. Como contrapartida, se advertía un crecimiento gigantesco de la enseñanza media, con un número en aumento de jóvenes que no veían alternativas educacionales post educación escolar. La realidad era que se estaba cultivando una profunda crisis social juvenil, ya fuese porque las ocho universidades existentes no observaron esta nueva realidad social o no creían que era importante entregarles una oportunidad de estudios superiores a todos estos jóvenes.

Estos antecedentes fueron los que motivaron al Estado a efectuar un profundo cambio educacional. Primero, revirtió la distribución de la inversión del Estado en educación: el 70% para atender a los 2,5 millones de niños y el 30% para atender a los 100 mil alumnos universitarios. Segundo, la educación universitaria debía ser pagada por los que la requirieran -en nuestro país las rentas de un profesional egresado de la universidad van de 4 a 6 veces más que las de un joven que no tiene título profesional, lo que significa que debe entenderse como una inversión privada de la persona o de las familias de ese joven-. Tercero, el Estado entregó por primera vez en la historia, la posibilidad de que el sector privado fundara universidades, institutos profesionales y centros de formación técnica, como una manera de dar satisfacción a la gran demanda por educación existente a la época. Cuarto, previendo que podían existir jóvenes que, siendo intelectualmente capaces para estudiar en las universidades no pudiesen acceder por motivos económicos, el Estado creó un crédito universitario con tasas subsidiadas para salvaguardar que nadie, por razones económicas, se viese impedido de estudiar. Quinto, dotó de autonomía a las sedes de las dos universidades estatales que existían y les asignó presupuesto que, a diferencia de lo que opina la profesora González, era lo que históricamente disponían siendo sedes. Muchas de ellas, con el tiempo, se han transformado en verdaderos motores del desarrollo regional chileno. Sexto y último, se descentralizó a nivel de las comunas la administración de los establecimientos escolares.

Esta era la realidad histórica y las decisiones que se adoptaron para dar a luz el actual modelo educacional chileno.

Hoy el sistema de educación chileno es sano, pujante, en crecimiento y satisface las demandas educacionales de la sociedad. Puede ser mejorado, por supuesto… ¡en qué país no puede ser mejorado! Pero aún así, y sin lugar a dudas, la educación chilena ocupa lugares de privilegio en Latinoamérica. Si pudiésemos hacer una especie de balance, observaríamos con satisfacción que este es positivo.

Gracias a estos profundos cambios, pasamos de dos universidades estatales a 18; de seis universidades privadas a 33; se crearon 17 institutos profesionales y un centenar de centros técnicos. Se aumentó la cobertura de 100 mil alumnos a 1.150.000 jóvenes entre 18 y 24 años. Hoy, siete de cada 10 jóvenes que ingresa a la educación superior provienen de una familia que por primera vez logra que uno de sus integrantes acceda a este nivel educacional y esta es la base para romper el círculo de la pobreza. Y cito al profesor Jose Joaquín Brunner, experto en estudios comparados de educación: “La población chilena tiene 11,6 años de escolarización, contra 9,4 en el resto de Latinoamérica. Un 28,6% completa al menos un año de educación terciaria frente a un 15,8% en el resto de la región (BID 2013). Entre los adultos jóvenes de 25 a 34 años, Chile ostenta un 41% de profesionales, comparado con un 39% de los países de la OCDE, a la cual pertenecemos, y menos de 20% en América Latina (Unesco 2013)”.

Sigo la cita: “La tasa neta de participación de jóvenes chilenos pertenecientes al quintil de menores ingresos en la educación terciaria alcanza a un 21,2%, la segunda mejor de América Latina después de Venezuela, cuya estadística se haya fuertemente cuestionada, frente a una tasa promedio de 8.7% para los demás países latinoamericanos (Sedlac, 2013). Asimismo, la distribución de años de educación entre los jóvenes adultos (21 a 30 años de edad) es la más equitativa de la región (con un Gini de 0.122), comparado con un Gini de 0.234 para los demás países de la región (17) con datos comparables (Sedlac, 2013). Un informe de McKinsey (2010) incluye a la educación chilena como caso de estudio de los países que a nivel global muestran un avance significativo de mejoría de los resultados de aprendizaje, ascendiendo del nivel bajo al intermedio. En cuanto a la educación superior, el ranking Universitas 21 ubica al sistema chileno en el primer lugar entre los cuatro sistemas latinoamericanos incluidos (Argentina, Brasil, Chile y México) considerando recursos, resultados, conectividad y medio ambiente regional”.

Por último, dice el profesor Brunner: “Cabe notar que el gasto total en educación de Chile, público y privado, relativo al PIB se sitúa por encima del promedio de la OCDE, en tanto que en el nivel terciario es uno de los más altos del mundo: casi un punto porcentual superior al promedio de dichos países (OCDE, 2013)”.

Otro de los puntos que ha destacado negativamente la profesora González en su artículo es el referido a “los confusos sistemas de calidad existentes”. Cabe hacer presente que no existe ninguna confusión. Lo que sí existe es una discusión de fondo, tanto en la sociedad chilena, como en el Poder Ejecutivo y en el Parlamento Chileno, para mejorar los Sistemas de Aseguramiento de Calidad de nuestras instituciones de educación superior. Desde el año 1990 que existe un modelo de aseguramiento de calidad, amparado en una Ley de la República, que ha operado desde el año 1994. Este modelo ha sido pionero en los países de la región y ha permitido una adecuada estratificación de nuestras instituciones, observando, como ocurre en cualquier país del mundo, que existen diferentes calidades y tipos de instituciones, pero no como un aspecto negativo, sino como una constatación de una realidad que es universal. No todas las universidades pueden ser Oxford o Harvard.

Algunos -como la Universidad Mayor, que dirijo- hemos solicitado mayor libertad para elegir en el mundo a la agencia acreditadora que certifique la calidad de nuestras instituciones. Hoy es posible hacerlo, pero no es válido legalmente, y como una manera de demostrarle al país que era posible medirse con los mismos indicadores de calidad que existen en otros países,  nuestra universidad, voluntariamente, solicitó a una de las seis agencias acreditadoras que existen en Estados Unidos que nos acreditara. Se trata de la Middle States Commision on Higher Education (MSCHE). Luego de un trabajo de cinco años, la Universidad Mayor fue acreditada, transformándonos en la primera universidad en Latinoamérica en acreditar su calidad en Estados Unidos. Lo anterior no solo trajo indudables mejoramientos internos a nuestra universidad, sino que también ha permitido incorporar en la discusión nacional la posibilidad real de que agencias extranjeras midan la calidad de nuestras instituciones y el Gobierno, recientemente, ha presentado al parlamento chileno para su análisis una modificación a la ley vigente de aseguramiento de la calidad, en la que incorpora esta nueva alternativa internacional.

La profesora González plantea que los estudiantes tienen, comparativamente con Estados Unidos, menos acceso a los sistemas de ayuda financiera. Sinceramente creo que se equivoca. En Chile, no solo todos los alumnos que acceden a la educación superior, sea pública o privada, tienen acceso casi automático previa presentación de algunos antecedentes socioeconómicos, a créditos subsidiados por el Estado a tasas muy bajas y avalados por la propia universidad o, una vez que egresan, por el Estado, con una contingencia al pago muy favorable para el alumno. La deuda a pagar no puede ser superior al 10% de sus ingresos, cualquiera sean estos; si tiene períodos de cesantía, no paga, y la deuda se extingue a los diez años, independiente de la cantidad que haya abonado.

Por otra parte, durante los últimos 20 años, se han venido incrementando sustantivamente las becas estudiantiles, alcanzando hoy al 60% de los cuatro primeros quintiles. Por tanto, no comparto la afirmación que realiza la profesora González: “Lo anterior ha significado que las familias y los estudiantes hayan sido llevados al límite y que existe una crisis de confianza que afecta a toda la nación”. En estos 20 años todos nuestros gobernantes, independiente del signo político al que pertenezcan, han avanzado en forma sistemática en efectuar cambios y mejoramientos de forma y fondo en nuestra educación superior.

Otro de los aspectos que le llama la atención a la profesora González es la publicidad que mantienen nuestras universidades en el país. Ella dice que, al ir conduciendo por el país, observó un gran cartel carretero de una universidad tradicional chilena que estaba tratando de competir por los estudiantes con las nuevas instituciones de educación privada. Deduce de aquello la confusión que a su juicio prevalece en la educación superior chilena. Considero equivocada y poco asertiva la categórica afirmación de la profesora. Nadie puede deducir que, por ver un cartel promocionando a una universidad pública, exista confusión en la educación superior chilena.

Chile es un país de política de fronteras abiertas, volcado al mundo exterior, donde el emprendimiento es un elemento positivo y bien aceptado por la sociedad. Las instituciones de educación superior se fundaron en este espíritu de sana competencia, en donde cada una de ellas trata de captar a los mejores alumnos para sí. ¿Qué de malo puede tener esa aspiración? ¿No están todas las universidades en el mundo tratando de captar a los mejores alumnos para su formación? ¿No ocurre esto en todos los países del mundo? ¿No ocurre esto en Estados Unidos? Es más, sinceramente, creo que uno de los mayores atributos que puede tener una universidad es su reputación institucional y esta, en parte, se logra al tener en sus aulas a los mejores alumnos.

Como se puede observar de este artículo, no todo es tan malo en materia de educación superior chilena; al menos, no tan malo como lo plantea la profesora González, quien –interpreto- se armó un juicio apresurado y sesgado de nuestra realidad, atribuible seguramente a su corto paso por el país impartiendo conferencias.

 

Rubén Covarrubias Giordano

 

RECTOR

 

Universidad Mayor

 

Chile